El término anoxia, de origen latino, hace referencia a la falta casi total de oxígeno en la sangre o en los tejidos corporales. Se trata de un concepto relacionado con la hipoxia, que es el déficit de oxígeno en un organismo.
La anoxia puede aparecer en los tejidos vivos, en el océano o en el clima, por ejemplo. En el caso de los seres humanos, y tal como señala la medicina, existen distintas causas que originan la anoxia: puede aparecer debido a una patología pulmonar (anoxia anóxica), a la disminución o alteración de la hemoglobina que no permite la fijación del oxígeno en cantidades suficientes (anoxia anémica), a la disminución de la circulación sanguínea (anoxia por estenosis) o a la incapacidad de los tejidos de fijar el oxígeno (anoxia histotóxica).
El tejido más sensible a la anoxia es el nervioso: unos pocos minutos de falta de oxigeno pueden causar la muerte de las células cerebrales y las correspondientes secuelas definitivas de la lesión cerebral, parálisis, retraso mental, epilepsia y dificultades en el aprendizaje.
Una de las anoxias más frecuentes es la anoxia leve generada por el mal de altura. Se trata de un malestar que puede afectar a los alpinistas, esquiadores, excursionistas o a aquellos turistas que ascienden demasiado rápido a una montaña de gran altura. También puede aparecer cuando se viaja a ciudades situadas en la altura, como La Paz (Bolivia), que se encuentra a 3.650 metros sobre el nivel del mar. Los síntomas del mal de altura son la cefalea, la pérdida del apetito, las náuseas o vómitos, la fatiga, el mareo y la sensación de vértigo, entre otros.