El término innato proviene del latín innatus (innasci, “nacer en”) y se refiere a aquello connatural y nacido con la misma persona. El innatismo, por otra parte, es una característica que suele aparecer en los sistemas filosóficos racionalistas y que nace por la necesidad de encontrar una fuente de conocimiento distinta a la experiencia.
En este sentido, si el conocimiento no se elabora a partir de los sentidos, se origina en otro sitio. Por eso, los pensadores que adhieren al innatismo consideran que las ideas más importantes son innatas (por ejemplo, la idea de infinito o la noción de Dios).
De esta forma, el innatismo supone que algunas ideas, conocimientos o contenidos mentales están presentes en el momento del nacimiento de un organismo. Las teorías innatistas aparecen en la obra de Platón, René Descartes, Baruch Spinoza y Gottfried Leibniz, entre otros.
Por otra parte, el sistema inmunitario innato comprende las células y los mecanismos que defienden al individuo de la infección por otros organismos, de forma no específica. Esto supone que las células del sistema innato reconocen y responden a patógenos de forma genérica (distinta al sistema inmunológico adaptativo).
El sistema inmunológico innato proporciona una defensa inmediata contra las infecciones y es encontrado en todas las clases de vida animal y vegetal.
Las funciones principales del sistema inmunitario innato en los vertebrados son el reclutamiento de células inmunes hacia los sitios de infección y de inflamación, a través de la producción de factores químicos; la activación de la cascada del sistema del complemento para identificar bacterias, activar las células y promover la aclaración de las células muertas o de los complejos de anticuerpos; la identificación y remoción de sustancias extrañas presentes en órganos, tejidos, sangre y linfa, a cargo de los leucocitos; y la activación del sistema inmunitario adaptativo mediante la presentación de antígenos.